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martes, 5 de septiembre de 2017

Incongruencias



Me encantan los animales pero estoy a favor de las corridas de toros y las demás fiestas populares en las que se ridiculiza cualquier animal; me flipan los leones, elefantes y rinocerontes, y me gustan tanto que cuando los veo el cuerpo me pide pegarles un tiro y cargármelos y poner su cabeza colgada en cualquiera de mis paredes; me encanta la paz pero no presto atención a quién vende armas porque la responsabilidad estará en quien aprieta el gatillo; me muero de pena por los inmigrantes y refugiados pero yo no tengo la culpa de que en sus países se viva mal y algo estaremos haciendo bien para que quieran venir a los nuestros; me indigno porque las condiciones de los trabajadores sean cada vez peores pero ataco indiscriminadamente a los colectivos que los defienden porque hay que dar libertad al empresario para que algo de su dinero y trabajo nos caiga al resto; no tengo un duro, ni trabajo estable, pero apoyo a los partidos que favorecen la diferencia entre personas, sueldos y niveles de vida pues sus datos macroeconómicos me convencen de que eso es lo mejor para el país, para mi familia y para mí; soy tremendamente religioso y creyente de mi dios, pero estoy absolutamente en contra de los que son tremendamente religiosos y creyentes de otro dios; me parece bien que cada uno quiera a quien quiera, pero que no se besen dos hombres o dos mujeres delante de mí; me gustaría que todo el mundo tuviese al menos lo mínimo para sobrevivir, pero no soporto a los que me dicen que defienden que todo el mundo tenga al menos lo mínimo para sobrevivir; estoy todo el día enganchado al móvil, y al ordenador, y al ipad, pero no puedo comprender por qué mi hijo no lee nunca; mi ciudad es la mejor del mundo, aunque realmente no he salido mucho de mi ciudad.

Un porcentaje elevadísimo de la gente que lea esto estará de acuerdo con cada una de las afirmaciones que aquí expongo y esa es posiblemente la razón por la que resulta imposible cambiar las cosas y por la que la juventud vivirá siempre arrastrando las incongruencias de la adultez. Pero al recurso de dejar de luchar porque algo es utópico no se llega porque nos demos cuenta de que es imposible, sino porque con lo que choca realmente es con nuestras incongruencias. Y esas mejor no tocarlas, ¿no?


lunes, 8 de mayo de 2017

Becarios




Becario: persona con una experiencia vital comprendida entre los veinte y los cuarenta años, que ha estudiado entre unos doce y dieciocho años de su vida (o más) con dinero aportado por su familia o su propio trabajo, que arrastra numerosos empleos de resistencia a tiempo parcial de dudosa calidad, portador de numerosas vivencias imprescindibles para el desarrollo de sus futuras ocupaciones, y que es “contratada” por un patrón público o privado para realizar un trabajo especializado con una remuneración, si es que existe, muy por debajo de la necesaria para mantener al menos el alojamiento, el transporte y la comida para subsistir. La consecución de dicho puesto es percibida por el que contrata como que está haciendo un favor al muchacho o muchacha al darle la oportunidad de aprender, y por el muchacho o muchacha contratada como que está haciendo el gilipollas al trabajar gratis. Que percibas una u otra de las opciones probablemente dependa del  grado de facilidad vital de la que has disfrutado durante toda tu existencia.



miércoles, 21 de diciembre de 2016

Queridos Seres Humanos:




Tenemos un problema.

Los móviles y aparatos electrónicos que nos habéis pedido necesitan de un material, el Coltán, que se extrae en regiones como el Congo por manos de niños y mujeres y hombres en condiciones que no desearíais para vuestros hijos ni para ningún otro familiar ni conocido, y que provoca que los lugares de extracción sean territorios al margen de la ley donde la violencia y la explotación campan a sus anchas; la ropa que deseáis que os traigamos está tejida en países del sudeste asiático por niñas, mujeres y hombres también en unas condiciones que no admitiríais en vuestros países occidentales de ninguna de las maneras; el aire que respiramos nosotros y nuestros camellos en el trayecto hasta allí está contaminado por las fábricas que situáis en nuestros países y los coches sin filtros  que nos vendéis porque vuestras leyes ambientales dicen que son demasiado contaminantes para ponerlas y usarlos en el vuestro (pero que no tenéis reparo alguno en pensar que a nosotros no nos afectarán en absoluto); tenemos que hacer un recorrido, hasta llegar a vuestras casas, cruzando países en guerra en los que se está utilizando el armamento fabricado y vendido por vosotros, que, de nuevo, afecta a niños, mujeres y hombres inocentes y destruye sus casas, colegios, hospitales, rompen familias y desgajan vidas; al llegar a vuestra frontera, tenemos que alquilar una patera y jugarnos la vida de nuevo cruzando el Estrecho en condiciones lamentables para entrar sin que os deis cuenta pues si veis a gente de nuestro color y procedencia huyendo del horror que habéis provocado nos mandáis de vuelta a nuestro país.

¿Cómo cojones pensáis que habéis sido buenos y que os vamos a traer las cosas que precisamente hacen que la mayor parte del mundo sufra las peores condiciones de vida? Si os llevamos lo que nos pedís, en lugar de repartir felicidad contribuiríamos a sembrar miseria. Ni de coña.

Atentamente:

Melchor, Gaspar y Baltasar



viernes, 9 de septiembre de 2016

Utopías



Alguien pensó y dijo hace casi dos mil años que las luchas de gladiadores no eran muy recomendables para la salud (y supervivencia) de los contrincantes; también alguno protestó por la injusticia de la esclavitud, por hacer trabajar a personas bajo el látigo de sol a sol sin remuneración alguna; hubo mujeres que dijeron que ellas deberían tener los mismo derechos que los hombres, e incluso hombres que las apoyaron; aparecieron personas que soñaban con que en España no hubiese guerra; algunas dijeron que era posible que en Europa tampoco las hubiese; otras muchas imaginaron un mundo en el que además de trabajar se pudiese tener tiempo para estudiar, para disfrutar del ocio o para estar con la familia. Hubo uno que dijo un día, por primera vez, que el sábado no se trabajase. Todas esas personas podrían haber sido tildadas de utópicas y de demagogas en su tiempo. Pero el paso de ese mismo tiempo corroboró que lo justo siempre se puede abrir paso ante lo que parece imposible en la actualidad. La justicia no es imposible. Hagamos reales las utopías actuales. 




jueves, 30 de junio de 2016

A ellos, a nosotros



A ellos: aquí no se mata por lo que piensas ni por lo que crees. Aquí se trata a las mujeres como iguales, no se les tapa el cuerpo ni el rostro, no se las mantiene escondidas al resto de la sociedad, no tienen por qué dedicarse únicamente a las labores de la casa, no tienen que mostrar más respeto a sus maridos que el que éste les tiene a ellas. Aquí tienen los mismos derechos que un hombre. Aquí se puede andar por la calle cogido de la mano de la persona que quieras, sea de tu mismo o de distinto sexo, sin riesgo de morir. Aquí se puede cambiar de sexo si esa es tu necesidad. Aquí se puede no creer en la creencia generalizada, o no creer directamente en ninguna de las establecidas, nunca estarás amenazado de muerte si no cumples una norma religiosa. Aquí se puede votar a partidos políticos distintos cada cierto tiempo, así como botar a gobiernos, también de vez en cuando. Aquí la ciencia tiene cierta importancia, y para una estimable cantidad de persona, sus conclusiones tienen más valor que las creencias preestablecidas, pero tanto si defiendes a la ciencia como si defiendes la religión, no tienes riesgo de muerte. Aquí no se justifican asesinatos en nombre de ningún dios. Aquí la vida tiene mucho valor como para permitir o entender que nadie salga a la calle a matar a personas inocentes.

A nosotros: allí llegan nuestras armas, esas que luego utilizan para matarse entre ellos o a nosotros. Allí llegan nuestros ejércitos, ocupando territorios que no nos pertenecen con la excusa de pacificar una región que casualmente siempre suele contener un recurso que necesitamos. Allí llegan las condiciones laborales que nuestras empresas transnacionales imponen, esas que consiguen establecer horarios inhumanos y  emolumentos mínimos, que logran desgastar a sus sociedades e impedirles su propio desarrollo individual por dejarles en situación de carestía de tiempo y dinero. Allí hacen negocios sucios nuestros gobiernos por acción u omisión con sus tiranos: petróleo, armas, recursos naturales. Allí damos pie a sociedades difíciles, imposibles para el devenir de familias y personas, que se ven obligadas a exiliarse en busca de esperanza para luego, aquí, impedirles el paso con una valla gigantesca y unos cuerpos de seguridad armados avisándoles de que no pasen. Allí la vida tiene tan poco valor que es posible entender que alguien salga a autoinmolarse o a disparar a otras personas desconocidas en nombre de cualquier dios que les prometa liberarles del sufrimiento y el dolor.

¿De verdad la única solución al problema la tiene responder con más violencia? 



lunes, 16 de noviembre de 2015

Analgésicos-bomba



Un día unos locos recorrieron las calles de una gran ciudad europea disparando a diestro y siniestro a todas las personas que se encontraban por ahí. La suerte, la casualidad, la sinrazón, hizo que más de cien personas perdiesen la vida. Los supervivientes, obviamente, se enfadaron, y en respuesta a eso, el país afectado decidió bombardear el país de procedencia de los locos, muriendo otros cientos o miles de personas allí, civiles de allí, inocentes de allí. Los supervivientes del país receptor de las bombas, obviamente se enfadaron, y decidieron responder de la forma que ellos pueden: más locos recorriendo más calles de más ciudades europeas matando a más civiles inocentes. De nuevo, los supervivientes de esas matanzas en Europa se enfadaron, y decidieron responder con más bombardeos en el otro país. Más muerte y destrucción en aquellos lugares que provocó más enfado, claro, y los supervivientes se motivaron aún más en dar la vida por su Estado Islámico, pues era atacado inmisericordemente por los europeos, así que volvieron a responder con sus formas: Alá es grande y les dice, les ordena, con esos bombardeos recibidos, que vayan a Europa a matar a más infieles. Y van. Y matan. Y los europeos, enfadados de nuevo, volvieron a responder con sus formas: la democracia les dice, les ordena, con esos asesinatos recibidos, que vayan a Raqqa a bombardear terroristas (y lo que haya cerca). Y así en una suerte interminable de odio y destrucción que se retroalimenta infinitamente.

La violencia sólo engendra violencia, es una máxima que nos enseñaron desde pequeño, probablemente los mismos mayores que ahora deciden seguir engendrándola. Eso lo sé yo, tú, él y el gobernante de turno. La historia está llena de ejemplos que nos dicen que los bombardeos indiscriminados solucionan tantas cosas como los tiroteos indiscriminados: nada. ¿Por qué se sigue haciendo? ¿Por qué lo seguimos viendo inevitable? ¿Es imposible dejar de comprar el petróleo con el que se han hecho y que sostienen su financiación? ¿Es imposible dejar de venderles las armas que luego van a utilizar contra nosotros? ¿Es imposible establecer vínculos que hagan atractivo para los ciudadanos de aquellos lugares la relación con nuestra parte del mundo? ¿Es imposible pedir que este tipo de conflictos se aborden de manera global y centrada en sus verdaderas causas? ¿Es imposible pensar que allí, al igual que hay tantos hijos de puta como aquí, también existen mujeres, niños y hombres que nada tienen que ver con la violencia?

Estamos acostumbrados en medicina a que una pastilla nos quite los síntomas de la enfermedad, pero no las causas, y hemos exportado esa lógica a los problemas sociales. Los bombardeos son sólo analgésicos que enmascaran el dolor de un instante, pero que no abordan la enfermedad en sí.