domingo, 7 de febrero de 2016

"Hoy por mí mañana por ti"






Si vives en Triana o en los Remedios, y vas al centro, o si vienes del centro y haces el camino inverso, le habréis visto, seguro. Aunque intentes no mirar, aunque pretendas hacerte el loco, un cartel que se dirige al fondo de tu corazón, “Hoy por mí, mañana por ti”, se repite una y otra vez no sólo cada vez que pasas por el Puente de San Telmo, sino mucho después de haber pasado, cuando estás con tu familia o amigos, es decir, con compañía, o cuando llegas a tu casa, cuatro paredes y un techo que te protege de las inclemencias meteorológicas del exterior.

Se llama Antonio, es portugués, pero habla perfecto español. Lleva once años durmiendo en la calle, y dos sentado en ese banco del puente de San Telmo todos los días de nueve de la mañana a diez de la noche. Ha trabajado en el campo y en la ciudad, como temporero en la recolección, como peón de albañil, como ayudante de cocina, como operario en cadenas de producción, y etcétera, etcétera, etcétera. Y nos dice que hoy por él, y mañana por nosotros. Y a mí me resulta imposible seguir pasando por allí sin hacer nada más que darle algún euro de vez en cuando. ¿Y si le hiciese una foto a su curriculum y lo compartiese con todos mis contactos, y esos contactos lo compartiesen con otros, y esos otros con otros, y al final llegase a alguien que tuviese alguna posibilidad de ofrecerle trabajo, y podamos así renovar las fuerzas de una persona que lleva once años luchando en la soledad, y que al final de cada día siempre se acaba preguntando si merece la pena seguir luchando?




martes, 26 de enero de 2016

Pelos blancos en tu cabeza



Nacer, llorar, mamar, hacer pipí y popó. Crecer, hasta que te puedas desplazar por ti mismo sin ser sostenido por unos brazos adultos. Correr de un lado para otro. Divertirte con cualquier cosa. Reír mucho, querer mucho, ilusionarte mucho, imaginar mucho. Descubrir algo nuevo cada día. Aprender siempre.

Seguir creciendo, hasta la altura de tus ancestros, aunque más canijo y seguramente con mostacho y granos en la cara, o con unos pechos en crecimiento descontrolado y experimentando una incomodidad mensual que no te abandonará hasta la menopausia. Comenzar a pensar en lo injusto, en que todos están contra ti: profesores, padres, hermanos, amigos. Estar alerta. Dar la bienvenida a un interés que no acabará por abandonarte jamás: el amor. Experimentar el cambio de aficiones desde los muñecos o muñecas al deporte, y de éste a las chicas o a los chicos. Creer que puedes llegar a ser lo que te propongas. Tener el recipiente de ilusiones y esperanzas en sus máximos niveles.

Seguir creciendo hasta que se van los granos, y el mostacho desaparece y viene la barba o el afeitado de verdad. Darte cuenta que el pelo está un milímetro más atrás de la frente que la última vez que te fijaste. Elegir la carrera, dejar atrás colegio e instituto. Conocer mundo, primero el cercano, luego el lejano, y, quizás, el más lejano aún. Preguntarte por qué todo es así. 

Echarte una pareja en serio, terminar la carrera, encontrar un trabajo para toda la vida, ir comprobando cómo éste no era como esperabas, cómo no se parecía a lo que te hablaban en la Universidad, aquello que pensabas que te haría sentir realizado. Comprarte un coche, firmar una hipoteca, casarte, tener hijos, aceptar que dejas de ser protagonista de tu vida para convertirte en el mentor de otro protagonista que procede de ti mismo. Ver pelos blancos en tu cabeza y pensar en teñirlos o aceptarlos. Fijarte en que tu piel ha estado expuesta al aire demasiado tiempo. Observar cómo el vaso de ilusiones y esperanzas individuales comienzan a vaciarse.

¿En qué momento aparecieron los desvíos del camino, esos que desechaste o aceptaste? ¿En qué segundo de tu vida haber tomado una dirección y no otra te habría convertido en otra persona con circunstancias completamente distintas a las que tienes? ¿Qué cambiarías si pudieses volver atrás?



viernes, 15 de enero de 2016

Ayahuasca




Un círculo humano alrededor de un fuego. Un hombre ancestral, con edad y conocimientos sobre la naturaleza superiores al resto. Desde pequeño un chamán le sopló a él, y eso dio comienzo a su periodo de aprendiz. Durante el resto de su vida se dedicó a conocer aquellos recursos que la selva puede proporcionar: comida, bebida, cobijo, medicinas. Y también el espíritu del mismo, los espíritus del bosque, el Supai en que se convierte un chamán cuando muere, el mismo al que accede un aprendiz al convertirse en chamán. Ahora, en este preciso instante, está iniciando a unos cuantos occidentales en un rito ancestral, la toma de Ayahuasca, el contacto con los señores de la selva, la familiaridad con los espíritus, la posibilidad de ir a tu antes o a tu después, de contactar con las visiones que proporciona la magia de un brebaje obtenido de un tipo de liana, de esas por las que tarzán solía lanzarse al grito del rey de la selva.

Un sonido rítmico comienza a escucharse por encima de la lluvia que asiduamente nos visita de noche, una vez se reparte el líquido en cuestión. El simple sorbo te traslada a un lugar de otro tiempo, a un tiempo con otro lugar. Estoy rodeado de personas con pantalones, con camisetas de una marca precisamente del mismo nombre que la etnia con la que nos encontramos, pero en mi cerebro no se traduce de la misma forma, en mi cabeza está el chamán, están dos o tres kichwas más que producen o también  reciben ese tin-tin eléctrico que cada vez se hace más acuciante. Y estoy yo, claro. Sí, solo cuatro o cinco personas, aunque la realidad diría que somos veinte. Pero yo no quiero la realidad, en este momento me quiero evadir de ella, y por eso estoy con esos cuatro kichwas ancestrales.



El fuego se convierte en el elemento principal, como si no hubiese aire, ni agua, ni piedra, sino sólo el poder del fuego, la luz atrayente en la que imaginas formas imposibles e impensables en otro estado. Comienza el baile de palmas, las que el chamán sostiene y hace bailar con la mano, en otro movimiento rítmico y sonoro, chuschuschuschuschus, chuschuschuschuschuschus, así, mientras a la vez limpia el aura de diversos compañeros que sienten la necesidad de deprenderse de los malos espíritus. En su lengua kichwa, el chamán va explicando cómo tal persona se está enfrentando a la maldición de dos chamanes que tratan de que le ocurra algo malo, y cómo él mismo ha logrado vencerlos, diciéndoles que no busquen problemas, que lo dejen tranquilo.

Comienzan a escucharse los primeros comentarios, “ya me viene”, como si fuese algo esperado que obligatoriamente tuviese que suceder. Se empiezan a demostrar los primeros síntomas, un leve zumbido eléctrico en los oídos, dicen algunos, los primeros vómitos y alguna que otra ventosidad sonora que hace relajar el ambiente serio y concentrado del personal. La ayahuasca, además de sus mágicos poderes, es un potente purgante, y se puede manifestar primeramente a través de molestias digestivas de toda índole. Algunos se levantan, otros se quedan sentados, esperando a los espirituales síntomas. Se respira profundidad, ancestralidad, el tono de un anciano cantando en kichwa te traslada al tiempo que imaginaste, aquel en que los árboles, los animales, los insectos y todo tipo de plantas y hongos estaban en comunión con el ser humano, aquel en el que el espíritu del bosque entraba con facilidad en nuestro organismo. Ahora yo vivo en un mundo metálico, asfaltado, “desarrollado”, y quizás es por eso que no acabo de contactar con el Supai, por eso me resulta tan complicado convencerle de que soy un kichwa, de que tengo su aura, de que pertenezco al grupo de los que quieren a la naturaleza, de que de verdad estoy preparado para que me guíe por el pasado y por el futuro, de que me vea a mí mismo, o a los míos, o a los que fueron míos y aún pertenecen a mis recuerdos. Pero no, no pasé la prueba, no me permitió rozarle, ¿otra vez será?


miércoles, 16 de diciembre de 2015

¡ G R A C I A S !






No sé cómo empezar este escrito, porque lo único que me sale es decir “gracias”, pero esa palabra repetida hasta la saciedad, gracias, gracias, gracias. A mis padres, a mis hermanos, a mis cuñaos, a Ana, a los Parodys (Jero, Luisa, Maoté, Lolilla, Fernando, Teresita, Carlos, Maite, Cacallín, Isa, Mari,  tío Ricardo, tía Rosario, tía Maria José, tía Mari Paz, tío Salvador), a mi tía Encarna, a Javicai, a Víctor, a Gonzalo que me consta que estuvo aunque no nos vimos, a mis amigos Perico, Saúl, Álvaro, Ale, Borja, Pedro, Manu, Yolanda, Yesica, Susana, Inma, Cristina, Román, Ivan, a Manuel Liberal (¡¡¡qué emoción verte!!!), a Munira, Miguel y el pequeño gran Alejandro (¡no sois conscientes de lo que me encantó veros!), a las tragsianas Pilar, Inma e Inés, a los amazónicos Sandro, Auxi, Paula y David (ya eres un amazónico), a los sevillaactualizados Christopher, Fran, Adrián, Mercedes y su madre Mer, a Carolina, a Manuel Casado, a mis amigas de mi hermana Rocío, Marta, Eli, Belén, Cinta, Leti, a Pablo y Rafael de Triskel, a las dos simpatiquísimas encargadas de la Jerónima. Gracias a todos los que estuvisteis, y a los que no lo estuvisteis físicamente pero no dejasteis de estar en mi cabeza. Perdón si me he dejado a alguien por el camino, pero que sepáis que ayer vencisteis a la Soledad del escribido, y que lo convertisteis en la Compañía del escritor.

Me gustaría daros a cada uno diecisiete gracias, y quinientos besos.



martes, 8 de diciembre de 2015

La Soledad del Escribido




Hace algo más de dos años me embarqué en una utopía que poco a poco va tomando forma. El día 15 de diciembre sale a la venta mi primera novela, publicada con Triskel ediciones. También será el día de la presentación de la obra. Y yo ahora mismo tengo ganas de reír, de gritar y de llorar, de levantar los brazos en señal de victoria y de esconderme a la vez, por saber que he llegado a una meta de mi maratón vital, y que aún me quedan cientos de ellas por cruzar. No sé cuánto durará esta aventura, pero por ahora me lo he pasado en grande. Mil gracias a todos, familia, amigos y conocidos. 

Martes 15 de diciembre de 2015, en La Jerónima, una librotaberna cercana a la calle Regina, en la calle Jerónimo Hernández, num 14, en Sevilla. Si estáis interesados, será un placer recibirles ;)