Con una casa de
madera en la orilla de la playa. Sin coche, sin moto, con una barquita. Sin
internet, sin televisión, con radio. Sin nuevos pantalones, sin camisa
planchada, con chanclas. Sin hipermercados, sin discotecas, con una tasquita. Sin
comida precocinada, sin grasas saturadas, con peces del mar. Sin Bolsas, sin
macroeconomistas, con inocencia. Sin contaminaciones, sin ruidos, con oxígeno puro.
Sin miopías, sin dolores de espalda, con elasticidad. Sin prisas, sin órdenes,
con TIEMPO. Sin Play Station, sin tablet, con cartas. Sin despertadores, sin el
horrible tititití, con el sonido de las olas. Sin edificios altos, sin grandes
avenidas, con NATURALEZA. Sin techos, sin paredes, con SOL, AGUA y
MONTAÑAS. Sin odio, sin avaricia, con AMOR, RISAS Y ARTE.
Con todo. Sin nada.
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